sábado, 3 de mayo de 2008

Pop Up: libros en movimiento


Pop ups, desplegables, animados, movibles, sorpresa, de lengüetas, tridimensionales, mecánicos, mágicos, carrusel, juguetes. Los 150 volúmenes que muestra la Biblioteca «Miguel de Cervantes» del 29 de abril al 28 de mayo han recibido muchos nombres y definiciones a lo largo de su historia, según su origen, procedencia y especiales características, pero todos tienen un elemento común: son libros con movimiento.

La exposición presenta la evolución de este tipo de libros tan especial, atractivo y espectacular, haciendo especial hincapié en el diferente estilo de cada creador y con el fin didáctico de mostrar a los más pequeños el encanto de este tipo de publicaciones, que aprendan a recrearse en sus preciosas ilustraciones, valoren su trabajo, conozcan las técnicas que consiguen dar movimiento a una imagen o logran que ésta se vuelva tridimensional como por arte de magia.

Con este objetivo, además de mi colección, con la muestra viajan varios paneles de actividades con pop up que pueden ser manejados por todos los visitantes y se les ofrece la posibilidad de que ellos mismos creen sus propios modelos.

Un poco de historia

Aunque desde finales del siglo XIX estas ediciones se dirigían principalmente al público infantil, los primeros destinatarios de los libros móviles eran los adultos.

No se sabe quién introdujo el primer artificio mecánico en un libro, pero se tiene constancia de que en el siglo XIII en España y en Francia se empezaron a utilizar unas ruedas de papel superpuestas que, cosidas al libro por su parte central, permitían que éstas girasen. El filósofo mallorquín Ramon Llull las empleó con fines teológicos en su Ars Magna.

También las ilustraciones de los libros de anatomía empezaron a usar desde el siglo XV las solapas abatibles para mostrar, por capas, el interior del cuerpo humano. Un ejemplo espectacular de este estilo es De Humani Corporis Fabrica Librorum Epitome, de Andreas Vesalius, impreso en Basel en 1543. En la exposición, pueden verse tres bellísimas ediciones originales de tratados anatómicos de finales del siglo XIX y principios del XX.

La Revolución Industrial del siglo XVIII y XIX también se sirvió del sistema de solapas sobrepuestas y ruedas giratorias para mostrar los avances tecnológicos de la época, como el funcionamiento de las máquina de vapor; y también esta exposición cuenta con dos importantes ejemplos de este estilo.

El primer libro con movimiento destinado al público infantil fue Harlequinade, diseñado por el impresor y vendedor de libros londinense Robert Sayer alrededor de 1765. Y ya a finales del siglo XIX, la mayoría de este tipo de ediciones se dirigían a los niños con el único objetivo de entretenerles. En ese momento, en Inglaterra y Alemania se publicaron los más bellos libros móviles de la mano de artistas convertidos en editores como Ernest Nister, Lothar Meggendorfer y Raphael Tuck. Ellos son los responsables de lo que se ha denominado Edad de Oro de los libros desplegables y, por supuesto cuentan con un espacio de honor en esta exposición, tanto con volúmenes originales como con ediciones facsímiles, que describen la evolución de su trabajo y sus diferentes técnicas.

Dean & Son fue el primer editor en producir libros móviles a gran escala. Aprovechó las ventajas del nuevo método de impresión creado en Alemania: la litografía, y se centró en producir y vender libros originales y de novedad. Dean abrió un estudio en Londres donde tenía trabajando a varios equipos de artistas que diseñaban y manufacturaban todo tipo de complejos mecanismos movibles. De ese taller surgió el invento de la "lengüeta" que animaba al lector a tirar de ella para producir movimiento en la ilustración.

En 1880 los Hermanos McLoughlin se convirtieron en los primeros grandes productores de móviles en los Estados Unidos. Esta editorial se inspiró en los trabajos de Dean y ofrecieron productos similares al público estadounidense. Sus libros móviles también desplegaban escenas en forma de "multicapas" de diferente tamaño, de manera que las imágenes variaban sensiblemente al pasar una sola solapilla.

La primera Guerra Mundial hizo que la producción de este tipo de libros casi se paralizara. En ese tiempo, surgieron pocas ediciones y de baja calidad y no renacieron hasta la década de los 30 gracias a Louis Giraud y sus Bookano Series, de los que podemos contemplar algún ejemplo en esta exposición.

Pero quien introdujo por primera vez el término pop-up para describir el sistema que hace "saltar hacia delante" la imagen y cuya definición engloba actualmente a todo tipo de libros con movimiento fue Blue Ribbon Publishing of New York. La muestra cuenta con los primeros trabajos de esta editorial.

Durante los años 40, Julian Wehr animó un gran número de libros móviles de varios editores estadounidenses. Todos sus diseños operaban por el sistema de lengüetas que movían varias partes de la ilustración. Aunque este sistema ya era conocido desde hacía varias décadas, Wehr consiguió mecanismos mucho más flexibles que permitían mover las lengüetas hacia adelante y hacia atrás, hacia arriba y hacia abajo, proporcionando una gran variedad de movimientos en la imagen.

En los años 50 y 60, el rey indiscutible de los libros pop up fue Voitech Kubasta. El talento y profesionalidad de este artista que trabajaba para la compañía Artia, de Praga, inundó el mundo con espectaculares diseños tridimensionales de vivos colores e inmensos desplegables, como el dedicado a Colón o al Circo, que pueden verse en nuestra muestra.

Desde los años 70, los diseñadores actuales han logrado tal perfección en sus trabajos y tal complejidad de mecanismos que a su labor se le denomina oficialmente "ingeniería de papel". Nombres como Ron Van Der Meer, Robert Sabuda, Matthew Reinhart, Nick Bantock, Jan Pienkowski, David Pelham o la española Mª Victoria Garrido entre otros, han destacado por su arte y técnicas innovadoras y merecen una muy especial atención en esta exposición.