

Generalmente, se califica de formato "miniatura" a aquellos ejemplares cuya altura de lomo (referida a la encuadernación) no sobrepasa los 75 milímetros. Aunque esta clasificación, que recoge la Miniature Book Society, ha variado según las épocas, los países y los especialistas que han estudiado el tema.
Por ejemplo, en Europa siempre hemos sido más generosos con las dimensiones y aquí se ha considerado como miniatura incluso los formatos en "dieciseisavo", si nos atenemos al producto de doblar el pliego del antiguo papel de tina (el que se fabricaba a mano, con moldes y cuyas medidas eran de 32 por 44 centímetros), lo que ofrecía 32 páginas con unas dimensiones aproximadas de 12 por 6 centímetros. Claro que, como el pliego original no tenía el mismo tamaño en todos los países, el formato 16º tampoco mide lo mismo en todas partes. Así pues, si las descripciones que se hacen de los libros no incluyen sus dimensiones en centímetros o en pulgadas se complica bastante la tarea a la hora de buscar un formato determinado.
En cualquier caso, como norma general, en Europa suele aceptarse bajo la denominación de miniatura incluso las ediciones que alcanzan los 100 milímetros referidos a la mancha impresa, mientras que en los Estados Unidos, donde se encuentra la principal sociedad internacional de editores, coleccionistas y autores de mini libros, sólo se admiten como miniatura los que no sobrepasan los 75 milímetros referidos a su encuadernación.
También hay que tener en cuenta que, debido a lo complicado de reproducir a mano la compleja letra gótica que se usó durante siglos, la mayoría de los ejemplares manuscritos en miniatura que se conservan sobrepasan el tamaño que aquí comentamos. Aunque hay muchos libros de horas, breviarios y devocionarios que sí se ajustan a las medidas, como por ejemplo
Las misas de San Francisco y Santa Ana (un minúsculo ejemplar de 5 x 4 centímetros preciosamente miniado, que es el códice mas pequeño que se conserva en la Biblioteca Vaticana), el
Credo de Carlos V (un libro-joya diseñado para llevar colgado del cuello y que se encuentra en la Biblioteca Nacional de España), el
Libro de horas de Maria Estuardo, el de
Los Mediccis (en el Museo de Lázaro Galdiano)...
Por la misma razón y debido a los escasos recursos técnicos de entonces, los primeros libros impresos también sobrepasan el límite de la actual miniatura. Algunos autores como Douglas McMurtrie sugieren que un incunable puede ser considerado miniatura cuando no excede de los 120 milímetros, si la mancha impresa no sobrepasa los 75 milímetros de alto. Pero hay excepciones, como la de la Biblioteca Nacional de Francia, donde se conservan dos páginas de pergamino del
Diurnale Moguntinum que supuestamente imprimió Peter Schoffer (el discípulo y seguidor de Gutenberg) entre 1462 y 1468 que sólo mide 94 milímetros de alto. Y ya en 1500 se imprimió un
Officium Beate Marie Virginus de 33 milímetros del que no se conocen datos de impresión.
En La Biblioteca de Liliput, de la que a continuación hablo largo y tendido, puede verse un volumen en vitela de 1535 cuya encuadernación no sobrepasa los 80 milímetros de alto. Se trata de la vida de Tomás de Kempis y está impreso en Florencia. También cuenta con un ejemplar de sólo 50 milímetros, con tapas en piel, hierros secos y cierre con broche metálico, impreso en Alemania en 1613.